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Pasados los 40, el cansancio que no se va con dormir y la sensación de que el cuerpo rinde distinto llevan a muchas mujeres al pasillo de las vitaminas. La duda razonable es cuáles hacen falta de verdad y cuáles solo hacen falta al fabricante.
La respuesta corta: la mayoría de las vitaminas se cubren comiendo bien y no mejoran nada si ya las tienes. Pero hay dos que sí cambian con la edad por motivos fisiológicos concretos — y una de ellas tiene una recomendación oficial para mayores de 50 que casi nadie conoce.
Respuesta rápida
Después de los 40 no necesitas «más vitaminas» en general: necesitas vigilar dos en particular. La vitamina D, porque con la edad la piel produce menos al exponerse al sol y casi una de cada cuatro personas tiene niveles insuficientes. Y la vitamina B12, porque el estómago produce menos ácido clorhídrico con los años y eso dificulta absorberla de los alimentos: por eso los NIH recomiendan que a partir de los 50 la mayor parte de la B12 venga de alimentos fortificados o suplementos.
El resto de vitaminas se cubren con una alimentación variada, y suplementarlas sin déficit no aporta beneficio.
Nivel de evidencia: ✅ sólida en lo que respecta a las cantidades recomendadas y a los cambios de absorción con la edad. ⚖️ Mixta o negativa en las promesas de energía, adelgazamiento o prevención de enfermedades.
Puntos clave
- Suplementar sin déficit no sirve. Las vitaminas corrigen carencias; no son un potenciador para quien ya está bien.
- La vitamina D es la que más suele faltar. La piel produce menos con la edad, y muy pocos alimentos la contienen de forma natural.
- La B12 se absorbe peor a partir de cierta edad. No por comer poco, sino por menos ácido en el estómago.
- La metformina y los protectores gástricos bajan la B12. Si tomas alguno, es un motivo real para revisarla.
- La B12 no da energía si no te falta. Es una de las promesas más repetidas y menos ciertas del sector.
- Un análisis vale más que un frasco. Es la única forma de saber si de verdad te falta algo.
¿Por qué cambian tus necesidades después de los 40?
No es que el cuerpo necesite de pronto el doble de todo. Lo que cambia es la capacidad de fabricar y de absorber algunos nutrientes concretos.
Con la edad, la piel pierde eficacia para producir vitamina D a partir de la luz solar, según la Oficina de Suplementos Dietéticos de los NIH. Y en el estómago, muchos adultos mayores producen menos ácido clorhídrico, que es justo lo que se necesita para separar la vitamina B12 de las proteínas del alimento y poder absorberla.
Ese es el cambio real, y es específico. Lo demás —el cansancio, la piel, el sueño— rara vez se explica por una carencia vitamínica, y conviene no dar por hecho que sí.
Vitamina D: la que más suele faltar
La vitamina D ayuda al cuerpo a absorber el calcio y, junto con él, contribuye a prevenir la osteoporosis. También hace falta para el movimiento muscular, la transmisión nerviosa y el sistema inmunitario.
Cuánta necesitas: la cantidad diaria recomendada es de 15 mcg (600 UI) para adultos de 19 a 70 años, y sube a 20 mcg (800 UI) a partir de los 71.
Por qué falta tanto: son muy pocos los alimentos que la contienen de forma natural. Las mejores fuentes son los pescados grasos —trucha, salmón, atún, caballa— y los aceites de hígado de pescado; el hígado de res, la yema de huevo y el queso aportan cantidades pequeñas. El resto viene de alimentos fortificados (leche, bebidas vegetales, algunos cereales) y del sol. Y ahí está el problema: la piel produce menos con la edad, la piel más oscura produce menos, el protector solar reduce la producción, y la piel expuesta al sol a través de una ventana no produce vitamina D.
Cómo saber si te falta: con un análisis de sangre que mide la 25-hidroxivitamina D. Los niveles de 50 nmol/L (20 ng/mL) o más son suficientes para la mayoría; por debajo de 30 nmol/L (12 ng/mL) son demasiado bajos; por encima de 125 nmol/L (50 ng/mL) son demasiado altos y pueden causar problemas. Casi una de cada cuatro personas tiene niveles bajos o insuficientes.
Lo que la vitamina D no hace, y conviene saberlo antes de comprar: los ensayos clínicos indican que los suplementos no reducen el riesgo de enfermedad cardíaca, no previenen ni alivian la depresión, no mejoran el azúcar en sangre y no ayudan a perder peso. Sobre el hueso, la evidencia es más matizada de lo que se anuncia: los suplementos de vitamina D y calcio aumentan levemente la resistencia ósea en adultos mayores, pero no se sabe con certeza si reducen caídas o fracturas.
Un detalle práctico: es liposoluble, así que se absorbe mejor tomada con una comida que contenga algo de grasa. La forma D3 podría elevar los niveles más y por más tiempo que la D2.
Vitamina B12: la que tu cuerpo absorbe peor con los años
Esta es la más importante del artículo, porque aquí hay una recomendación oficial concreta que rara vez aparece en español.
La B12 mantiene sanas las neuronas y la sangre, participa en la formación del ADN y previene la anemia megaloblástica.
Cuánta necesitas: 2,4 mcg al día en adultos. Es una cantidad pequeña, y aun así la deficiencia es frecuente: según la hoja informativa de la Oficina de Suplementos Dietéticos, entre el 3% y el 43% de los adultos mayores tienen deficiencia de vitamina B12.
La recomendación que cambia las cosas: el cuerpo absorbe la B12 de los alimentos en dos pasos, y el primero necesita ácido clorhídrico del estómago para separarla de la proteína. Muchos adultos mayores no producen suficiente. Por eso los NIH son explícitos: las personas mayores de 50 años deben obtener la mayor parte de su vitamina B12 de alimentos fortificados o de suplementos, porque su cuerpo sí puede absorberla de esas fuentes (en el suplemento no está unida a proteína, así que se salta el primer paso).
Dos medicamentos muy frecuentes la bajan:
- La metformina (para prediabetes y diabetes) puede reducir la absorción de B12 y bajar sus niveles en sangre.
- Los inhibidores de la acidez gástrica —omeprazol, lansoprazol, cimetidina, ranitidina— interfieren en la absorción de la B12 de los alimentos porque reducen el ácido del estómago.
Si tomas alguno de los dos de forma prolongada, tienes un motivo concreto para pedir que te revisen la B12.
Cómo se manifiesta la falta: el cuerpo almacena entre 1.000 y 2.000 veces la cantidad que se ingiere en un día, así que los síntomas pueden tardar años en aparecer. Cuando llegan: cansancio, debilidad, piel pálida, palpitaciones, pérdida de apetito y de peso, adormecimiento u hormigueo en manos y pies, problemas de equilibrio, depresión, confusión, mala memoria y llagas en boca o lengua. La deficiencia puede dañar el sistema nervioso incluso sin anemia, por eso conviene tratarla pronto.
El mito de la energía. Los fabricantes promocionan la B12 para aumentar la energía y el rendimiento. Los NIH lo desmienten sin rodeos: la vitamina B12 no aporta esos beneficios a quien ya consume suficiente con los alimentos. Si estás cansada y tu B12 está bien, la causa está en otro sitio.
Dónde está: solo en alimentos de origen animal —pescado, carne, aves, huevos, lácteos—, siendo las almejas, las ostras y el hígado de res las mejores fuentes. Los alimentos vegetales no la contienen salvo que estén fortificados, así que si eres vegetariana o vegana necesitas fortificados o suplemento sí o sí.
Vitaminas C, E y K: lo que conviene saber
Son las que más aparecen en los envases de «antiedad» y las que menos justifican un suplemento si comes variado.
La vitamina C y la vitamina K se cubren bien con una alimentación con verduras, hortalizas y frutas. No hay motivo fisiológico ligado a la edad, como sí ocurre con la D y la B12, para suplementarlas por defecto.
La vitamina E merece una advertencia. En las dosis altas que llevan los suplementos, el NCCIH de los NIH señala que puede aumentar el riesgo de sangrado —incluidos accidentes cerebrovasculares por sangrado cerebral— e interactúa con anticoagulantes como la warfarina. Si tomas anticoagulantes, no la añadas por tu cuenta.
¿Necesitas un suplemento o te basta con la comida?

La postura oficial es clara: las guías alimentarias recomiendan obtener la mayor parte de los nutrientes de los alimentos, porque vienen acompañados de fibra y otros componentes que el comprimido no tiene. El suplemento entra cuando no llegas, no por norma.
Cuándo sí está justificado plantearlo:
- Vitamina D, por lo difícil que es cubrirla solo con comida y sol, sobre todo si sales poco, usas protector solar a diario o tienes la piel oscura.
- Vitamina B12 a partir de los 50, en forma de alimentos fortificados o suplemento, por lo que vimos de la absorción.
- Cualquier vitamina con déficit confirmado por análisis.
- Dietas que excluyen grupos de alimentos (vegetariana, vegana) o cirugías digestivas previas.
Un multivitamínico genérico no es una mala idea si tu dieta es irregular, pero tampoco es la solución que promete el envase — y cuenta para los topes diarios.
¿Cuándo pedir un análisis?
Merece la pena consultarlo si te reconoces en alguna de estas situaciones:
- Cansancio persistente que no mejora con descanso, o falta de aire y palpitaciones.
- Hormigueo o adormecimiento en manos o pies, problemas de equilibrio, olvidos llamativos.
- Tomas metformina o un protector gástrico de forma prolongada.
- Dieta vegetariana o vegana, o cirugía de estómago o intestino previa.
- Enfermedad celíaca, Crohn o colitis ulcerosa, que dificultan la absorción.
- Apenas te da el sol, o usas protector solar todos los días.
Un análisis de vitamina D y B12 es sencillo y barato, y responde en una semana lo que un frasco no responde nunca.
Riesgos: cuando más es peor
- Vitamina D: el límite máximo diario en adultos es de 100 mcg (4.000 UI) contando todas las fuentes. El exceso puede causar náuseas, vómitos, debilidad muscular, confusión, cálculos renales y, en casos extremos, arritmias e insuficiencia renal. Casi siempre por suplementos, nunca por el sol. También interactúa con orlistat, con las estatinas, con la prednisona y con los diuréticos tiazídicos.
- Vitamina B12: no se ha demostrado que cause daño, ni siquiera en dosis altas. Es la excepción tranquilizadora.
- Vitamina E: riesgo de sangrado en dosis altas, e interacción con anticoagulantes.
- Regla general: díselo a todos tus médicos. La lista de lo que tomas, incluidos los productos «naturales», evita la mayoría de las interacciones.
¿Qué hacer con esto?
- Empieza por un análisis de vitamina D y B12, no por el pasillo de la farmacia. Es la única forma de saber si te falta algo.
- Si has pasado los 50, habla con tu médica de la B12 y de si te conviene obtenerla de alimentos fortificados o de un suplemento.
- Si tomas metformina o protectores gástricos, pide expresamente que te revisen la B12.
- Cuida las fuentes de vitamina D en la mesa: pescado graso un par de veces por semana, huevos, lácteos o bebidas vegetales fortificadas.
- Respeta los topes: 4.000 UI diarias de vitamina D de todas las fuentes, y cuidado con sumar multivitamínico y suplemento aparte.
- Si el cansancio persiste con las vitaminas normales, busca la causa en otro sitio con tu médica: tiroides, sueño, hierro, ánimo. No la tapes con suplementos.
Si lo que te preocupa son los huesos y el calcio, o los productos que se venden para los síntomas de la menopausia, lo tratamos aparte en suplementos en la menopausia: qué dice la evidencia. Y para entender el cuadro completo de esta etapa, cambios en el cuerpo a partir de los 40.
Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el consejo de un profesional de la salud. Antes de tomar suplementos, cambiar tu alimentación o iniciar una rutina de ejercicio, consulta a tu médico, sobre todo si tomas medicamentos o tienes alguna condición.
