En lo que algunas personas llaman “Crisis Matrimonial” del término medio, suele ser una crisis de personalidad, producida entre los 35 y 45 años; coincide en la mitad de la expectativa de vida de las personas, produciendo una evaluación  de vida, con base a la comparación metas fijadas y logros obtenidos.

Es también llamada “crisis de madurez”, porque se puede salir con una frustración o un fuerte equilibrio, adicional con un gran sentido del deber de la pareja. Después del momento de análisis mutuo, se puede alcanzar una vida plena, equilibrada y fructífera; con un amplio y mayor  sentido del deber, sin importar que los cambios y actitudes hayan sido profundos, súbitos o violentos.

Lo importante es convertir esta etapa de crisis matrimonial y frustración en una etapa de futuro esplendor.

A los solteros, ya sean por voluntad propia o diversas circunstancias, también sufren de la crisis de los 40. Una gran cantidad de síntomas son los mismos para solteros y casados. Si ha sido una persona obsesiva en los últimos años del trabajo, es importante que cambie de actitud: intentar relajarse, dedicar una mayor frecuencia al descanso, darse la oportunidad de viajar si no lo ha hecho antes, y los más importante: No rechazar la oportunidad de establecer una relación amorosa, que lo motive y lo haga sentir vivo plenamente en la madurez. Piense que los 40 años es una época para renacer.

Muchas veces se olvida los tres principales objetivos cuando se decide vivir en matrimonio:

  1. Hacer feliz a la pareja.
  2. Vivir juntos hasta que la muerte los separe, “en la alegría y la tristeza, en la salud y la enfermedad, etc.
  3. Formar una familia con hijos.

En un verdadero matrimonio, la pareja tienen que aprender a desarrollar esa vida conyugal, con todas las manifestaciones, descubrimientos y experiencias físicas, afectivas intelectuales, sociales, sexuales, culturales, espirituales y económicas. Este  aprendizaje supone un esfuerzo por armonizar y conjugar lo que son y lo que aportan. Salen de estar consigo mismos para estar con alguien más. Se busca establecer un marco, para desarrollar la vida en común; buscar la identidad del nosotros, desapareciendo el yo. A esta edad, aunque parece existir una crisis en el matrimonio, es el momento de demostrar que la promesa hecha el día de la boda, es auténtica.

SÍNTOMAS DE CRISIS MATRIMONIALES

Las estadísticas muestran que entre los 35 y 45 años, es la época donde las separaciones y divorcios son más frecuentes:

  • Sentir que se comienza a “enfriar”, ese primer e intenso amor que hizo que se unieran en matrimonio; se resquebraja la unión familiar, que es indispensable, al momento de sacar adelante a los hijos, dando oportunidad de aparecer la sensación de que se ha cumplido con las metas matrimoniales.
  • Se comienza a registrar las primeras (e importantes) limitaciones físicas, los cambios de conducta y emocionales. Se abre paso a la frontera de la llamada madurez, que es percibida como el tobogán que nos precipita a la vejez.
  • Ese momento donde a algunas parejas, les atrae lo exterior de la vida conyugal y familiar. El deseo de experimentar algo diferente a lo que hacen desde el matrimonio, salir de la rutina. No se deben engañar, pensando que aún conservan su atractivo, buscando nuevas conquistas amorosas.
  • En el balance económico, social y profesional, se dan cuenta que muchas veces ni se aproximan a los objetivos iniciales al momento de casarse. No se ha logrado cumplir las metas. Los sueños son sueños, y otra cosa es la cruda realidad de los ideales al momento de unirse.
  • Frustración e impotencia por solucionar el problema. Sienten que han desperdiciado estupendos años de vida, cuando el intelecto y el cuerpo estaba en su máxima potencialidad. Desilusión por los proyectos juveniles postergados. Aparece la depresión y ansiedad por lo que “quiero hacer”, lo que se “debe hacer” y lo que “puedo hacer”.
  • Los cambios físicos, suelen ser deterioros corporales, que dependen del estado de salud, la alimentación y el ejercicio físico realizado antes. Existe la tendencia a engordar, aparecen las primeras arrugas y el cabello se cae o se vuelve canoso
  • Las preocupaciones por las enfermedades aparece. Se empieza con una actitud hipocondriaca.
  • La belleza externa cambia y se da más prioridad a la belleza interna, la armonía personal y la tranquilidad de espíritu.
  • Si no se han aceptado con madurez, responsabilidad y conocimiento, se comienza a sentir el cansancio, generado por las responsabilidades adquiridas y que pesan cada vez más.
  • Se presenta una postura apática ante el sexo con la pareja, provocado por el miedo a l vejez, con las consecuencias sexuales que conlleva, originando estados depresivos o angustia. No se sienten jóvenes, ni atractivos sexual o físicamente.
  • La desesperanza hace su aparición: por un lado, los hijos se vuelven independientes y por el otro, se enfrentan a la rutina matrimonial.
  • En el lugar de trabajo aparece alguien que le dedica más tiempo y atención del debido. Comienzan los coqueteos y la comparación con la pareja.

Posibles causas que originan dicha crisis matrimonial

  • Cuando se dan por terminado los objetivos que la pareja tenían en común, y no se dan cuenta que todavía les queda mucho por hacer de manera conjunta.
  • Es peligroso perder el norte, la guía que sirve para educarse, fomentar las convicciones, las virtudes y esos valores humanos, que generan y dan seguridad en el momento de actuar y tomar decisiones. Es muy triste que son sustituidos por las actitudes materialistas, que llevan a las personas a ver la vida con un enfoque totalmente diferente.
  • Tener la creencia que las tareas familiares (especialmente las nuestras, no las de la pareja), conllevan un exceso de responsabilidades, sintiendo que es imposible de sobrellevar, y que el matrimonio se ha convertido en una carga difícil de llevar.
  • Los cambios siempre han generado rechazos, y si los cambios son físicos, biológicos, religiosos, psicológicos y sociales al llegar a esta edad, nos hace creer que las cosas importantes que han tenido en común con la pareja tienden a disminuir o a desaparecer. Adquieren importancia los malestares que son pasajeros o francas depresiones, todas ellas con situaciones de crisis transitorias, y que la duración le permite una elaboración de otros cambios más fuertes, haciendo que puedan pasar a la siguiente etapa. Lo positivo es que estos cambios pueden llegar a tener un valor positivo, si  la pareja logra conseguir vislumbrar que esos cambios sirven para un mutuo conocimiento, maduración y crecimiento como personas y como pareja en el matrimonio.
  • De las situaciones más complejas de llevar, es el conocido “síndrome del nido vacío”, que se presenta cuando los hijos dejan el hogar, la casa paterna, y se van a vivir a otro lugar, ya sea por motivos de estudio, trabajo, amigos, matrimonio u otro tipo de situaciones. Cuando los hijos sienten que han crecido lo suficiente para comenzar el proceso de independencia, tendiendo a alejarse del hogar familiar, crea una sensación de soledad. Si en los primeros años de matrimonio se sentía la ilusión de la juventud, sumado a la esperanza de criar a los hijos. Al pasar el tiempo y tras sentir la lucha por ellos y por la vida, el hueco que se crea por los hijos, puede llegar a separar a la pareja. El papel en el matrimonio, muchas veces pierde ese carácter “excitante” generado por la frenética actividad y las múltiples preocupaciones que conlleva l vida familiar con armonía y felicidad.
  • Existe el caso donde uno de los miembros de la pareja lucha, con la intensión de sacar adelante los planes que se ha hecho, con la meta de cumplir los objetivos de vida en común, y que la otra compañía prefiere quedarse atrás. Es muy frecuente que uno de los dos continúa estudiando, preparándose para perfeccionarse desde lo laboral, mientras trabaja desde la casa o desde el exterior, y que la otra persona no sienta deseos de seguir formándose y creciendo académica y profesionalmente
  • Cuando comienza a aparecer los aspectos psicológicos de cansancio, desilusión y desengaño, y se reflejan en la crisis. Desilusión consigo mismo, porque  esos proyectos  de la juventud, cada vez más lejos de ser reales. Cansancio, de ver que todas las responsabilidades que son aceptadas en la familia, hijos, obligaciones sociales, trabajo, etc. Pide gritos un esfuerzo continuo, haciéndolo cada vez mas pesadas, por la exigencia constante  y toda la atención, lo que origina múltiples  y constantes sacrificios. Desengaño, cuando  se siente, se percibe que la pareja no desea seguir luchando en pos de los objetivos propuestos desde el inicio de la relación y el compromiso.
  • Los esposos, en la etapa juvenil, de manera frecuente, buscan nuevas experiencias, atrevidas o de alto riesgo matrimonial, todo con el fin de evitar esa sensación de tiempo perdido, o peor aún, de aburrimiento. Se coquetea con otras personas, incluso mucho más jóvenes, sin tener presente, que ello conlleva un grave riesgo, de que puede haber infidelidades durante el matrimonio.
  • El practicar deportes de alto riesgo (todo aquel que demuestre que aun tiene fuerza, resistencia o simplemente le haga sentir descargas de adrenalina), los exagerados cambios de imágenes, participar en grandes inversiones económicas (aunque exista un alto grado de pérdida de dinero), que normalmente no haría, todo por el simple hecho de llamar la atención. Otra forma es comprar autos deportivos, descapotables o motos de alto cilindraje y colores fuertes.
  • La décima causa que puede generar una crisis matrimonial son los cambios de forma profunda desde lo económico, físico o social de la pareja, la presencia de una situación social inestable o peligrosa. El modificar el carácter, causado por la excesiva preocupación  por la salud porque se empieza a sufrir de todo tipo de  enfermedades, reales e imaginarias; la pérdida de interés en el trabajo profesional. Cualquier situación externa que llega sin tiempo de prevenirla: accidente con consecuencias futuras, problemas de salud, inmigración, cárcel, etc.

Al analizar todo lo anterior, se puede creer que toda crisis es algo terrible. Pero siempre se puede encontrar al menos una solución, como se verá a continuación.

 Soluciones para la crisis matrimonial

crisis matrimonial

  • Rechazar la irreversible decisión del divorcio, ya que no soluciona ninguna crisis. Lo realmente importante es crear un proyecto de unidad religiosa, familiar y/o social.
  • La buena administración de las actividades. Tomar esa etapa como la oportunidad de replantear la relación de pareja y familiar. Ampliar conocimientos o retomar algún curso académico
  • La alimentación saludable aleja el fantasma de la obesidad, presión arterial, colesterol y diabetes. Visitar al médico cada 6 o 12 meses. Ante un caso de depresión, hablar con un pastor, sacerdote, psicólogo, psiquiatra o cualquier persona con conocimientos humanos.
  • Analizar de manera profunda, serena, inteligente y objetiva las cosas que ya no se pueden hacer, como pareja e individualmente. Programar esas cosas que quería hacer, que no las ha hecho, pero que aún puede hacerla.
  • La crisis matrim en la pareja se puede superar con entrega y lealtad al conyugue e hijos. Erradicar el egoísmo, logrando los máximos niveles de humildad, permitiendo perdonar errores cometidos y resolver diferencias, aceptando las limitaciones de edad.
  • Se puede comprobar que existe alternativas desde lo médico, estético y dietético para el hombre, la mujer (como individuos) y la pareja (como sociedad), ofreciendo “fórmulas” para conservarse ágil en cuerpo, mente y espíritu: deportes, dietas, cursos y libros.
  • El diálogo de manera frecuente y plenamente sincero, llegar a acuerdos que permitan el disfrute de la vida, salidas más constantes, cultivando nuevas amistades. Es posible los cambios sin perder lo conseguido hasta ahora.
  • Evitar superar la crisis, por medio de las salidas escapistas, probando otros enfoques profesionales buscando éxito que no se ha obtenido antes. También evitar tomar riesgos excesivos, buscando ganar dinero, prestigio y reconocimiento público, se complican la vida con otras personas, distintas de la pareja.
  • Es un error creer que los hijos no entienden lo que sucede a su alrededor. Explique a los hijos, según la edad y situación, los síntomas, consecuencias y soluciones relacionadas con el tipo de crisis que se presenta. Los hijos al pasar por esas situaciones, se preguntan por lo que ven o sienten sus padres.
  • El vivir en el pasado, pensando sobre si han perdido el tiempo, por las tareas domésticas y demás obligaciones, están mal. No se debe obsesionar por analizar lo que no se tiene y añorarlo. Las rutinas excesivas, carentes de estímulos gratificantes, junto a excesivas responsabilidades, atrae las situaciones difíciles, pero que son posibles de solucionar.
  • Diseñar un plan para el “Nido Vacío”. El volver a estar solos, como se estuvo al comienzo de la vida matrimonial.
  • Se debe tener presente que las grandes cosas, se logran con mucho carácter; atendiendo lo ordinario, lo cotidiano, esas obligaciones propias de la familia formada, inclusive las circunstancias que no se puede controlar, poniendo gran énfasis en la fidelidad familiar.
  • Evitar los errores irreversibles: abandono de hogar, salidas con alguien más joven, fomentar infidelidades con los compañeros, abandonarse al alcohol o drogas, juegos de azar. Huya de las grandes inversiones, coches de lujo, no aparente o llame la atención, usar ropas estrafalarias. Parejas con personalidades inseguras son quienes cometen estos errores.
  • La conquista más loable es la del cuerpo y el espíritu. Y ahora es el momento, ante la necesidad de sentirse joven, sin ejercicios exagerados, sin cirugías o tratamientos innecesarios. Comenzar con ejercicios sencillos, para que músculos y mente se conserven en buen estado. Lograr que corazón y pulmones te lo agradezcan con el tiempo.
  • Existen múltiples organizaciones religiosas, sociales o políticas, para practicar el voluntariado como pareja. Siempre hay algo que hacer, y esas actividades aportan equilibrio de opinión, madurez y experiencia. Este trabajo de equipo, evita llegar al enfriamiento y el distanciamiento en las actividades cotidianas. Es una oportunidad de unificar ideas, sentimientos y objetivos.
  • Para lograr soluciones definitiva, falta mucho valor, humildad y amor por la familia, para una toma de decisiones adecuadas. No basta con pequeñas correcciones y después creer que hay una luz al final del túnel. Esa luz puede ser la del tren del divorcio, viajando en contra nuestra.
  • Esclarecer los conflictos, aun los pequeños, que muchas veces son la causa del enfriamiento del amor matrimonial. Los grandes conflictos están abocados, antes o después, a terminar en ruptura

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