El fenómeno que se presenta cada vez mayor es la paridad de los hijos con respecto a sus padres, dichos síntomas acarrean consecuencias y están perjudicando su desarrollo, sus proyectos, estudios y sus emociones, Es así que el vínculo de igual a igual hace que los padres deben ser capaces de abordar la problemática. Esto debido que el problema de posicionamiento interno hace que tanto los niños y jóvenes son sientan el suficiente apoyo por parte de sus padres, debido que se sienten pares. Uno de los efectos más complicados de esta simetría es la soledad interior en muchos de los niños ya que no percibe un apoyo fuerte de sus padres.

Esta simetría en la actualidad se refleja en la manera de vinculación, sin embargo, esto se debe al rol de los padres al no asumir la posición de padres y delegan funciones a la par de su hijo. Recordemos que los seres humanos son seres de relación donde se necesita en la infancia y otras épocas sentir que hay un “otro” que colme necesidades como vivienda, alimentación, salud, abrigo e higiene. Toda esta vulnerabilidad y problemática surge entonces cuando el niño no se encuentra con un adulto sino uno igual a él.

Son padres que no están ocupando su lugar ni lideran su condición de ser los padres y esto se da por el miedo de ser autoritarios o represivos y no asumen su paternidad o maternidad. No soportan el sufrimiento de los hijos, no saben colocar límites y la culpabilidad de no estar con ellos el suficiente tiempo por los compromisos al trabajo y el progreso está naciendo está problemática. Y sí a eso se le suma la falta de firmeza, la indiferencia o permisividad hace que estos niños y jóvenes crezcan en su imaginario como huérfanos y marquen su propio rumbo y sean chicos tiranos desde pequeños.

No hay que olvidar que este tipo de vinculación simétrica son los padres quienes la definen no los hijos, haciendo que los niños crezcan sin capacidad de frustración o aprender los valores de la solidaridad, respeto o perseverancia. De ahí que muchos de estos niños y jóvenes crezcan con angustias porque sienten que los han dejado solos. Cuando un niño o joven asume responsabilidades que los padres no asumieron llega el estrés para ellos. La relación entre padres e hijos debe ser asimétrica no es ni democrática ni simétrica, los padres deben ser líderes, responsables y protagonista de la educación.

Marcar límite entre los hijos y padres es básico para que ellos puedan reconocer su propia autoexistencia y no se contagien emocionalmente de sus padres, es sentir que ellos cuentan con un apoyo pero de igual manera crear esos ambientes de frustración hacen que los niños y jóvenes construyan valores y responsabilidades oportunas a sus edades.

Definitivamente esta generación ha optado por una educación más laxa y permisiva con sus hijos haciendo que dicha perspectiva los niños y jóvenes estén más apáticos, sin proyectos de vida o desmotivados. Además de que poseen una intolerancia absoluta al fracaso y al esfuerzo. No han sido educados para enfrentar los problemas es así que estás relaciones simétricas deben cambiar de rumbo y empoderar a los padres de su verdadero rol. Es así que salir de las relaciones simétricas con los hijos se logra con una buena comunicación, darles a entender que el límite es fundamental para crear las normas y las reglas sanas en el hogar. Y así el vínculo de familia es estrecho y los hijos van a sentir el apoyo incondicional de los padres.

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