A la edad mediana de los 40 como algunos llaman a esta época está marcada por una “crisis” debido que es una etapa importante en la vida de las personas, es así que hacen un alto en el camino para reflexionar sobre el pasado y plantear el nuevo rumbo o los nuevos planes del futuro; sin embargo, está mediana crisis puede llegar afectar al matrimonio también, si la relación conyugal no se encuentra en los mejores términos o no está en un estado saludable o por el contrario alguno de los cónyuges pasa por un estado no armonioso y no afronta la situación de la mejor manera, la crisis que en algún momento fue individual puede pasar a una crisis matrimonial. De acuerdo a las causas más relevantes se distinguen las siguientes: cuando se considera que las tareas domésticas están conllevando demasiado tiempo y responsabilidades y está afectando la sana convivencia y el matrimonio comienza a volverse una pesada carga.

Cuando se cumplen objetivos comunes que ambos tenían de mutuo acuerdo y se piensa que ya no hay más en conjunto por realizar. El no estar preparados o no haber discutido sobre el tema y es el famoso síndrome del “nido vacío” que no es otra cosa que cuando los hijos dejan la casa paterna, ya sea por motivos de estudio, trabajo o porque han conformado un hogar. Esto origina en muchos padres que se sientan solos y la ausencia de los hijos puede causar un deterioro en la vida familiar de los padres, debido que muchas parejas se conciben es por la frenética actividad que conlleva la vida familiar junto a los hijos.

Otro aspecto desafortunado es cuando se ha perdido el norte en la educación en valores y virtudes y se ha sustituido por enfoques materialistas que hacen ver la vida no como una unión sólida sino por convicciones netamente materialistas que en el momento en que esto desaparece llega la desunión familiar.

También puede ser motivo de “fracaso” familiar cuando uno de los miembros sigue adelante con los planes de educación para cumplir los objetivos de vida en común y resulta que muchas veces la otra persona no continúa estudiando o formándose sino que se queda sin objetivos y esto puede dificultar la vida en pareja.

Uno de los aspectos que incide son los cambios biológicos, religiosos, psicológicos, físicos, económicos y hasta sociales que se produce al llegar a esa edad, empieza a aparecer malestares pasajeros o situaciones como francas depresiones que ahonda la crisis matrimonial y dependiendo de su duración puede elaborar otros cambios más fuertes. En términos generales estos cambios pueden tener un valor positivo también ya que es una manera de crecimiento y maduración de la persona y del matrimonio.

La nueva búsqueda de experiencias por parte de uno de los esposos puede colocar en riesgo alto el núcleo familiar, comienzan a coquetear con personas incluso más jóvenes sin muchas veces medir el grave riesgo de que dichas infidelidades matrimoniales puede crear una brecha o separación de la pareja.

Otro motivo es cuando aparecen aspectos de desilusión debido al cansancio o desengaño. Debido a que si no han alcanzado los proyectos juveniles o conllevan sobre sí responsabilidades en la educación de los hijos, trabajo, obligaciones sociales etc; pueden llegar múltiples deterioros de la pareja, trayendo como resultado una honda crisis familiar.

Para superar dichas crisis se busca es prevenir y combatir la etapas del conflicto de la pareja, es importante tener presente el esfuerzo que ha costado conseguir construir una relación, los hijos, el trabajo, los amigos; igualmente tener una actitud positiva y valorar lo vivido, trabajar el autoestima en la juventud, ayuda a contra restar estas conductas negativas de la edad media de los 40.

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