Cuando se es adulto y se desea aprender algo nuevo que debió de pronto ocurrir en edad temprana va a resultar un poco más difícil pero no quiere decir que sea imposible.

Por ejemplo,  aprender a nadar, a diferencia de los pequeños, quienes tiene que pasar por un proceso distinto para aprender a flotar en el agua, ya que deben trasladar toda su motricidad a ésta, debido que en automático ya caminan y corren.

El primer impedimento para aprender a nadar de adulto es el miedo al agua. Pero nunca es tarde y se puede llegar a disfrutar del agua. Existen muchas razones que se debe tener en mente para dejar el miedo al agua y reconocer que nadar es una actividad de grandes beneficios para la salud. Sin embargo, para algunos el temor al agua es casi del nivel de una fobia y puede resultar un poco más demorado que si no se siente esto. Por lo tanto se hace necesario una terapia psicológica y de la ayuda de profesionales de la natación que permita superar dicha frustración.

Lo principal es el deseo interno de querer aprender a nadar, sea con un método o muchos métodos. Y lógicamente tener una alta motivación, la primera y tal vez la principal es el motivo médico, sea por problemas de rodilla, de espalda o artrosis o lesiones articulares. El otro motivo que influye notablemente son los personales, como el deseo de disfrutar de la playa, el mar, un río o una piscina y porque no, una motivación bien importante, el deseo de superación.

Pueden existir muchas razones por las que los adultos no saben nadar, la más común que se encuentra, es que nadar antes no se le daba la importancia que le damos ahora, el desconocimiento del medio y de la inmersión. Pero sin duda, una vez logran pasar esta dificultad y se acostumbran a estas sensaciones que provoca sumergirse en el agua es que ya nadie puede sacarlos. El porcentaje de personas con menos de 50 años que padecen del temor al gua es bastante alto, parece ser que son por experiencias traumáticas. El miedo al agua es considerado igualmente una fobia y recibe el nombre específico de hidrofobia. Una de las características es que va a limitar a la persona y produce tal resistencia y pánico que la inmoviliza de inmediato y sufre diversas reacciones psicológicas y fisiológicas.

Algunos adultos no aprenden a nadar no por sentir fobia o algo parecido sino porque se avergüenzan de ellos mismos y sienten molestia de ser el centro de las miradas de los demás. Sin embargo, esto se puede solucionar cuando acuden al lugar indicado con profesionales idóneos que les trasmitan la seguridad para aprender a nadar, es sólo de aprender a buscar ayuda y luego obtendrá la recompensa de haber vencido el temor al agua que es fuente de relajación, ejercicio y gran placer.

Así que ningún adulto está por fuera de aprender a nadar, con esfuerzo, dedicación y un trabajo planificado con su entrenador y el manejo de sus emociones con el psicólogo fácilmente aprenderá a nadar en un lapso de seis meses.

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